Ly Son, el reino vietnamita de la cebolla y el ajo

Tô Tuấn
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(VOVworld) – Ly Son, un distrito insular en medio del inmenso mar y perteneciente a la central provincia de Quang Ngai, tiene un clima muy extremo. Sin embargo, este lugar es conocido como el reino de variedades de cebolla y ajo con sabor delicioso y distintivo, a las cuales no se puede comparar ningún otro producto de ese tipo.

(VOVworld) – Ly Son, un distrito insular en medio del inmenso mar y perteneciente a la central provincia de Quang Ngai, tiene un clima muy extremo. Sin embargo, este lugar es conocido como el reino de variedades de cebolla y ajo con sabor delicioso y distintivo, a las cuales no se puede comparar ningún otro producto de ese tipo.

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Un rincón en los campos de ajo en la isla de Ly Son


La isla de Ly Son se formó hace millones de años por la erupción de volcanes ya extintos, por lo que ese territorio de mil hectáreas está cubierto por lava fría, arena y corales. Distante a unos 25 kilómetros de la costa nordeste, es el único distrito insular de la central provincia de Quang Ngai. Anteriormente, era una isla con una vegetación densa. Al principio había barcos de pesca que atracaban allí para abastecerse de agua dulce. Y luego, poco a poco, algunos pescadores se establecieron en ella con sus familias.

En un primer momento, cultivaron mayormente patatas, maíz y yuca. Posteriormente trajeron cebollas y ajo para sembrar y satisfacer sus necesidades de la vida cotidiana y que luego se convirtieron en las otras variedades de importancia en ese territorio. Al respecto, Dang Van Hien, nativo de Ly Son, contó: “Los primeros pescadores que llegaron a Ly Son tuvieron que vencer múltiples dificultades, incluso enfermedades muy difíciles de curar. Pero precisamente como el ajo había hecho su aparición en la creencia popular, los lugareños lo consideran un remedio para muchas enfermedades y hasta para repeler los malos espíritus. Fue así como comenzaron a cultivar ajo, porque es una planta que se adapta perfectamente a la topografía y clima local que le aportan un sabor especial a las comidas, lo cual garantiza su aceptación en todo el país”.

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Un grupo de agricultores cosecha productos


Desde la montaña de Thoi Loi, que es un cráter apagado, se puede ampliar la visión hacia los pueblos de An Vinh y An Hai, donde sus campos de ajo y cebollas están llenos de arena blanca y rodeados por piedras negras como si fueran un tablero de ajedrez. El distrito insular cuenta con más de 300 hectáreas sembradas de estas variedades, lo que representa una tercera parte de su superficie total. Al indagar sobre el cultivo de la cebolla y el ajo, Truong Van Tien, de la comuna de An Hai, nos comentó que el proceso de siembra en esta ínsula es extremadamente difícil y laborioso. “A primera vista, los campos están cubiertos de arena blanca, pero bajo la arena, hay una capa de basalto. Más importante aún, la arena del cultivo de la cebolla y el ajo se toma de los corales en el mar, por eso, allí los productos son más blancos y tienen un color más brillante, así como un sabor peculiar, delicioso y mucho más rico que los de otros lugares.”

Los lugareños cultivan sus raíces en el terreno arenoso de forma alterna en septiembre u octubre y las cosechan en el mes de marzo. Con el tiempo, la siembra de ajo y cebolla se ha convertido en la principal ocupación y fuente de ingresos de los residentes en la isla. Consciente de sus beneficios, comenzaron la ampliación de la zona para el cultivo y gracias a ello, muchos de ellos salieron de la pobreza y lograron un gran beneficio económico, como sucedió con la familia de Duong Van Giap. Con 26 hectáreas sembradas, estos cultivos le permitien obtener un ingreso anual de casi 500 millones de dongs ( 22 mil dólares), en el caso de que todo marche bien, dijo, pero si surgen adversas condiciones meteorológicas, el resultado no será el previsto, porque todos dependen de los caprichos de la naturaleza. Al respecto agregó: “El clima es bastante duro aquí. Simplemente, llueve mucho y si hay inundación, la cosecha está totalmente arruinada. Esto exige mucho cuidado, vigilar de cerca los cultivos desde que se plantan hasta el momento de la cosecha, regar las plantas dos veces al día, por la mañana temprano y luego en la tarde, para neutralizar la salinidad del agua de mar, así como estar listo para detectar plagas y alertar a los funcionarios del fomento agrícola para que intervengan ante la más mínima anomalía”.

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Las plantas cosechadas se trasladan a casa en motocicleta


El ajo de la isla de Ly Son es considerado el “rey” de su clase y lleva el hermoso nombre de “Toi co don” (ajo solitario). Se trata de una variedad especial que crece en caso de pérdida de las cosechas con un único diente. Con una rica nutrición, se utiliza como ingrediente principal para hacer bulbos de ajo negro fermentado, un producto que tiene un valor económico 10 veces mayor de lo normal. Según Hinh, un agricultor de Ly Son, el “ajo solitario” crece de forma natural y nadie puede intervenir en el proceso de crecimiento. “En el año que haya mucho sol y viento, ese tipo de plantas no pueden crecer bien, por lo cual resulta en un ajo de un solo diente. Es una valiosa variedad que tiene efectos nutricionales y curativos para el reumatismo y problemas cardiovasculares, por eso su precio es más elevado. Ese tipo de ajo es muy raro y difícil de encontrar. Cuando se cosechan en el campo, se logran sólo unos pocos tubérculos”.

Durante un recorrido por los campos de ajo que se extienden a la orilla del mar, esos cultivos parecen compensar días de trabajo duros de los habitantes, quienes no han escatimado esfuerzos para preservar una tradición heredada de sus ancestros. Cada gota de su sudor en las siembras de cebolla y ajo no solo les ayuda a tener una vida mejor, sino también a elevar la reputación de su producto en el mercado nacional y mundial.

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