Tras el triunfo de la Revolución de Agosto, el Presidente Ho Chi Minh señaló de inmediato cuatro prioridades para el Gobierno: garantizar alimentos, vestimenta, vivienda y educación para toda la población.
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La felicidad del pueblo, centro de la revolución
“He consagrado toda mi vida a mi pueblo”, expresó en una ocasión el Presidente Ho Chi Minh. Esta frase que sintetiza su amor a la nación y a la gente, y que refleja la grandeza de una vida sencilla y cercana a sus compatriotas. Para él, velar por el bienestar de la población era un objetivo esencial de la revolución.
Al respecto, el profesor asociado y doctor Bui Dinh Phong, de la Academia Nacional de Política Ho Chi Minh, recordó: “Desde los primeros días del poder revolucionario el Presidente Ho Chi Minh dirigió la lucha contra el hambre, el analfabetismo y la invasión extranjera. Si no se resolvían a fondo esos males, era imposible mejorar la vida del pueblo”.
Cada momento de su existencia estuvo marcado por la preocupación por la gente. Tran Viet Hoan, quien fue escolta del Prócer de la Revolución, relató: “Para el Tío Ho el pueblo era una constante. Al comer pensaba en el pueblo, al dormir también. En 1954, tras la victoria de la resistencia, el Partido Comunista y el Estado le propusieron residir en el Palacio Presidencial, pero él respondió que aquella casa era fruto del pueblo y debía pertenecerle, no a él”.
Convencido de que la política debía estar al servicio de la ciudadanía, orientó al Partido y al Gobierno centrarse tanto en la recuperación económica como en la educación de todo el pueblo, apoyándose en la fuerza de las masas para desarrollar el país.
El profesor asociado y doctor Nguyen Ngoc Trung, exjefe del Departamento de Cultura de la Academia de Periodismo y Comunicación Social, evaluó: “La idea de cercanía al pueblo atravesó toda la vida del Tío Ho. Consideraba que el pueblo era la fuerza principal de la sociedad. Lo comparaba con el agua: el agua puede sostener al barco, pero también puede volcarlo. Solía repetir: ‘Cien veces fácil, sin el pueblo no se logra; mil veces difícil, con el pueblo se resuelve’. Por eso, siempre puso en alto la cercanía, el cariño y la dedicación al pueblo”.
Un líder que conquistó corazones
La sinceridad y sencillez con la que se relacionaba con la gente explican la admiración y afecto que despertó en todos los sectores sociales.
Truong Thi Dien, de la provincia central de Quang Tri, quien lo conoció en el Congreso de Héroes y Emuladores Destacados de 1966, recordó: “Me emocioné tanto al verlo que apenas pude hablar. El Tío Ho era increíblemente cercano y preguntaba con detalle. Nos dio muchos consejos. Dijo: ‘Si nuestra nación es heroica, es porque tiene un pueblo heroico. Haber sido nombrados héroes ya es difícil, así que debéis esforzaros más en cultivar vuestra moral’. Hasta hoy, conservo el abrigo de algodón que me regaló y sus palabras me han acompañado toda la vida”.
En el acto conmemorativo por los 80 años de la Revolución de Agosto y del Día Nacional, celebrado ayer en Hanói, el secretario general del Partido Comunista de Vietnam, To Lam, remarcó el pensamiento de Ho Chi Minh sobre el pueblo, afirmando lo siguiente: “¡La tierra de Vietnam es eterna; la Patria vietnamita, pacífica; la nación vietnamita, próspera y en desarrollo! ¡La República Socialista de Vietnam, gloriosa por siempre! ¡El Partido Comunista de Vietnam, glorioso por siempre! ¡El gran Presidente Ho Chi Minh vivirá eternamente en nuestra causa! ¡La gloria pertenece para siempre al pueblo!”.
Ochenta años después de la proclamación de la independencia, el Presidente Ho Chi Minh ya no está físicamente, pero nunca se ha alejado de su pueblo. Vive en los valores eternos de independencia, libertad y felicidad; en el amor de sus compatriotas; en la voluntad firme de defender cada palmo sagrado de la Patria; y en el afán de progreso de la nación vietnamita.