La declaración generó inmediatamente la oposición de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, quien afirmó que Estados Unidos no tiene derecho a anexar el territorio.
La jefa de Gobierno instó a Washington a dejar de amenazar a su aliado cercano y al pueblo de Groenlandia, y rechazó con vehemencia la idea de que Estados Unidos necesite controlar ese territorio, enfatizando que la nación norteamericana no tiene derecho a controlar ninguna de las tres regiones del Reino de Dinamarca: Dinamarca, Groenlandia y las Islas Feroe.
La controversia se produce en un momento en que Estados Unidos, China y Rusia están aumentando su interés en el Ártico, donde se han abierto rutas marítimas debido al cambio climático.
Groenlandia se encuentra estratégicamente ubicada entre América del Norte y Europa y también se localiza en la ruta de misiles más corta entre Rusia y Estados Unidos.